“PATEANDO
TACHOS”
Sin pedir nada a nadie, ni
al amanecer, ni a Dios, la esperanza entre sus dedos y en sus ojos el sol. El
frio en sus huesos, de las miradas de
los “cuerdos”, ante sus pupilas somos todos cerdos. No espera nada de nadie
solo que lo dejen ser el mismo, el de
ayer y hoy el sin voz ni corazón, espera con ansias a ser ignorado siempre de todos. Para
fundir su cabellera en el lodo.
Milton, un indigente que
conoce las calles de Latacunga como su camiseta vieja, las recorre respirando
con esfuerzo, el cigarrillo le empieza a pasar factura. Es parte de una mal
social, una hormiga que engordara las estadísticas.
La mendicidad un cáncer de
esta sociedad desahuciada, pero que con pequeñas dosis de sed la trata de
calmar como la campaña “da dignidad”, impulsada por el Ministerio de Inclusión Económica
y Social (MIES). Jonathan Gualotuña trabajador del MIES dice que: “Latacunga es
el lugar con indigentes en el Ecuador”, continua “los resultados de esta
campaña se verán a largo plazo, la misión es convertir a los niños y adultos
indigentes en empresarios”. Finaliza
El esmog espeso de la ciudad
esconde misterios e historias de personas algunos héroes otros villanos unos
olvidados, y otros injustamente recordados. Milton solo espera ser comprendido.
Tiene hermanos pero ya sus rostros no recuerda (dice parpadeando), solo
recuerda que es del barrio Cuatro Esquinas, y algo que lo queja pro no sabe si
es el dolor físico o el del alma el que más le importa curar.
La calle es su hogar (dice temeroso, cerrando los ojos), y
la noche su fiel novia, quien nunca llega con las manos vacías, siempre le
brinda una luna de queso para su estómago vacío. Entre tantas idas y vueltas ya
solo le queda esperar, a la vida no le pode favores, solo le pide que alguien
le corte los cables.
Por: Claudio Villa
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